El evento telúrico que destruyó el 80% de la ciudad puerto obligó al Estado a crear el Servicio Sismológico Nacional. El académico de la Universidad de Chile subraya la urgencia de actualizar las normas constructivas para incorporar fallas corticales y sismos profundos.
El punto de quiebre de la gestión pública ante la naturaleza
La historia del desarrollo científico y normativo de Chile está íntimamente ligada a la respuesta frente a sus grandes catástrofes naturales. Al conmemorarse 120 años del terremoto del 16 de agosto de 1906 en Valparaíso —evento estimado entre magnitud 8,2 y 8,6 que arrasó con el 80% de las construcciones, generó un tsunami e incendios generalizados y cobró cerca de 4.000 vidas—, la comunidad científica destacó el impacto fundacional de dicha tragedia en la institucionalidad del país.
El sismólogo y profesor titular del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, Jaime Campos, explicó que aquel cataclismo obligó al Estado a abandonar la mirada fatalista y asumir los terremotos como un desafío científico, sanitario y de ingeniería. La principal consecuencia estructural fue la contratación del geólogo francés Fernand de Montessus de Ballore para fundar el primer Servicio Sismológico del país, cimiento directo del actual Centro Sismológico Nacional (CSN), permitiendo a Chile transformarse con el paso de las décadas en un referente global en sismología y construcción antisísmica.
Hacia una nueva generación de normas sísmicas
Campos enfatizó que el conocimiento moderno exige superar el paradigma de que todos los terremotos responden a una misma dinámica de subducción interplaca. El científico advirtió que la norma de diseño debe incorporar la diversidad de fuentes sismogénicas del contexto andino, incluyendo terremotos profundos intraplaca —como el de Chillán en 1939— y eventos corticales superficiales originados en fallas activas cercanas a grandes urbes.
El especialista concluyó que el principal reto radica en transferir estos avances científicos hacia los instrumentos de planificación territorial y los mapas de riesgo municipal, evitando que zonas pobladas se emplacen sobre fallas geológicas activas o suelos propensos a la licuefacción sin los resguardos constructivos adecuados.
¿En qué se diferencian los “terremotos de subducción” de los “terremotos corticales” en la geofísica?
En la sismología aplicada, la diferenciación de las fuentes sísmicas es esencial:
Terremotos corticales (intraplaca superficial): Se originan al interior de la corteza continental a profundidades menores a 20 kilómetros, producto de la ruptura de fallas geológicas locales (como la falla San Ramón). Aunque suelen tener magnitudes moderadas ($M_w$ entre 6,0 y 7,0), generan aceleraciones verticales del suelo muy violentas y destructivas en el epicentro debido a su extrema cercanía con la superficie.
Terremotos de subducción (interplaca): Ocurren en el contacto oceánico-continental donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. Generan las mayores magnitudes registradas ($M_w > 8,0$) y suelen provocar tsunamis.
(Fuente: Biobío)


