El rescate clínico de un niño con graves quemaduras en 1976 sentó las bases para la fundación de la corporación que ha rehabilitado a más de 140 mil menores en Chile y Latinoamérica. La evidencia epidemiológica recopilada por la institución impulsó en el año 2000 la normativa que restringió el uso civil de fuegos artificiales, reduciendo en un 91% las lesiones infantiles por pirotecnia.
La génesis asistencial en el sistema público
La confluencia entre la práctica quirúrgica reparadora y la construcción de políticas públicas de salud tiene en la historia de la Corporación de Ayuda al Niño Quemado (Coaniquem) uno de sus máximos referentes nacionales. El proyecto se originó en 1976, cuando el médico cirujano de la Pontificia Universidad Católica, Jorge Rojas Zegers, aplicó una técnica extranjera de vanguardia en el Hospital Roberto del Río para salvar la vida de un menor de seis años que ingresó con el 68% de su cuerpo calcinado por un incendio en Independencia.
Tras cien días de tratamiento y el alta médica del paciente, Rojas advirtió un vacío asistencial crítico: en América Latina no existía el concepto de rehabilitación integral del niño quemado, etapa en la que las cicatrices se contraen mientras las estructuras óseas continúan creciendo, generando secuelas funcionales y motrices permanentes. Para abordar esta problemática de manera gratuita, el 19 de abril de 1979 fundó Coaniquem, levantando su primer centro de rehabilitación en la comuna de Pudahuel con una proyección de conectividad estratégica hacia todo el país. Desde su creación, la corporación ha atendido a más de 140 mil pacientes pediátricos de Chile y países vecinos.
Transformación regulatoria: La campaña “Alto al Fuego”
Durante la década de 1990, los equipos médicos de Coaniquem detectaron un patrón estacional alarmante: centenares de niños ingresaban a los servicios de urgencia durante las festividades de fin de año mutilados o quemados por manipular petardos y bengalas. Mediante vigilancia epidemiológica rigurosa, el equipo liderado por Rojas demostró científicamente que los artículos pirotécnicos son artefactos ingobernables que no pueden ser manipulados de manera segura por particulares.
En 1993, la institución lanzó la campaña “Alto al Fuego”, orientando sus esfuerzos hacia el Congreso Nacional para promover una reforma legal integral. La iniciativa culminó el 12 de mayo de 2000 con la promulgación de la Ley N.º 19.680, cuerpo normativo que incorporó la pirotecnia a la Ley de Control de Armas y prohibió la fabricación, venta y uso doméstico de fuegos artificiales, autorizándolos únicamente para espectáculos masivos certificados. La implementación de la ley generó una caída inmediata del 85% en quemaduras por fuegos artificiales durante su primer año y una disminución acumulada superior al 91% en menores de 15 años tras más de dos décadas de vigencia, labor preventiva que le valió a Rojas el Premio Nacional de Medicina en 2024.
¿Cómo clasifica la medicina legal y la cirugía plástica la gravedad funcional de las cicatrices por quemaduras infantiles?
En la cirugía reconstructiva y la medicina física, las secuelas por quemaduras profundas de segundo y tercer grado en la infancia no son estáticas. Se dividen principalmente en dos complicaciones tisulares:
- Cicatriz hipertrófica y queloide: Proliferación exagerada de colágeno que genera relieves dérmicos dolorosos, pruriginosos y desfigurantes.
- Bridas retráctiles o cicatrices contracturadas: Tejido fibrótico rígido que pierde la elasticidad dérmica normal. Al ubicarse sobre articulaciones (cuello, manos, codos o rodillas), la cicatriz impide la extensión completa de la extremidad. Dado que el sistema músculo-esquelético del niño sigue creciendo mientras la brida permanece inelástica, se generan deformidades articulares graves y atrofias musculares irreversibles si no se aplican prendas de presoterapia compresiva continua y cirugías reconstructivas seriadas durante toda la etapa del desarrollo.
(Fuente: Biobío)



