La escuadra dirigida por Gustavo Alfaro firmó la página más gloriosa de su historia contemporánea al tumbar en penales a los tetracampeones del mundo. Con una soberbia e inspirada actuación del guardameta Orlando Gill —quien tapó dos lanzamientos desde los doce pasos—, la Albirroja se metió de forma heroica entre los 16 mejores del planeta.
El estallido del Gillette Stadium
El Mundial de Fútbol 2026 inscribió en sus bitácoras oficiales el golpe más ruidoso, imprevisto y emocionante en lo que va del certamen norteamericano. Sobre el césped del Gillette Stadium de Boston, la selección de Paraguay desafió la lógica de las casas de apuestas internacionales y despachó de la competencia a la poderosa e indiscutida favorita Alemania. La épica jornada comenzó a pavimentarse a los 42 minutos del primer tiempo, momento en que el atacante Miguel Almirón sacó un preciso y milimétrico centro desde la banda derecha que encontró a Julio Enciso libre de marcas; el veloz delantero conectó un fiero cabezazo que batió las redes teutonas y enmudeció a gran parte de las tribunas colmadas por hinchas europeos.
La respuesta táctica de los germanos maduró en el complemento tras volcar masivamente sus líneas al ataque. A los 9 minutos de la segunda fracción, un centro llovido al corazón del área paraguaya fue magistralmente peinado por el artillero del Arsenal, Kai Havertz, colándose la pelota de forma ajustada en un rincón inalcanzable para decretar el transitorio 1-1. El drama escaló a ribetes cinematográficos durante la prórroga, transformándose en la primera llave de eliminación directa en irse al tiempo suplementario. A los 102 minutos, el defensor alemán Jonathan Tah anotó de cabeza un gol que parecía liquidar el encuentro; sin embargo, el juez marroquí Jalal Jayed acudió de urgencia a las pantallas del VAR y anuló la conquista debido a un evidente empujón previo de Waldemar Anton en contra del arquero guaraní, Orlando Gill, manteniendo el empate de infarto hasta el silbato de los 120 minutos.
La consagración desde los doce pasos
Con los corazones en la mano y el cansancio físico al límite, la definición del pasaporte a octavos de final se trasladó de forma dramática a la ejecución desde el punto penal. En la hora de la verdad, las matemáticas de la presión psicológica consagraron al arquero paraguayo Orlando Gill como el héroe nacional indiscutido de la delegación al contener de manera notable los tiros de las estrellas de la Bundesliga.
A pesar de las fallas iniciales de Sanabria y Balbuena, las perfectas e implacables ejecuciones de Magalhaes, Gómez, Galarza y Canale sellaron el triunfo de los sudamericanos por 4-3, desatando la algarabía total en Asunción mientras figuras del calibre de Kimmich y Musiala miraban incrédulos el césped tras los fallos determinantes de Havertz, Woltemade y Tah. Ahora, el combinado de Gustavo Alfaro se aboca a preparar las pizarras tácticas a la espera de conocer a su próximo contrincante, con la confianza por las nubes tras firmar la hazaña más grande del balompié guaraní en el último siglo.
¿Cómo regula la FIFA la intervención del Video Publicación de Asistencia Arbitral (VAR) ante faltas al arquero?
En el reglamento oficial de la International Football Association Board (IFAB) adoptado por la FIFA, el VAR posee competencias estrictas para intervenir únicamente ante cuatro situaciones que modifican el juego: goles, penales, tarjetas rojas directas y confusión de identidad. En el caso de una anotación —como la protagonizada por Alemania ante Paraguay—, la cabina de videoasistencia está obligada legalmente a revisar la fase de ataque completa previa al gol. Si las pantallas demuestran científicamente la existencia de una falta física (un empujón, carga o sujeción) sobre el guardameta dentro de su área chica, el árbitro principal debe ser advertido para anular la jugada, resguardando el principio de justicia deportiva frente a infracciones invisibles para el ojo humano en vivo.
(Fuente: Biobío)





