A 33 años de su trágico fallecimiento en Nueva York, la leyenda del “Cantante de los Cantantes” se mantiene intacta en las barriadas latinas. Su exitosa y explosiva etapa de siete años de colaboración junto al trombonista Willie Colón dio a luz a 10 álbumes esenciales que redefinieron el sonido de la calle.
La maleta del inmigrante
La historia de la música caribeña posee pasajes de profunda genialidad artística que corrieron de forma paralela a las tragedias humanas más desgarradoras. Nacido y criado bajo el sol de Puerto Rico, el joven Héctor Juan Pérez Martínez sintió desde muy temprano el ineludible llamado de los ritmos y las melodías urbanas. Movilizado por un ardiente deseo de consagración profesional, el artista tomó una drástica decisión al armar una maleta llena de sueños para emprender viaje hacia la fría metrópolis de Nueva York, con el único e inamovible norte de conseguir una oportunidad laboral estable en el competitivo circuito de las orquestas de salsa norteamericanas. Los primeros pasos en la Gran Manzana estuvieron marcados por la dureza de la precariedad y el desarraigo propio de los inmigrantes, debiendo subsistir mediante extenuantes trabajos informales mal remunerados, mientras que por las noches daba rienda suelta a su talento cantando por propinas en pequeños clubes nocturnos latinos.
La fortuna del puertorriqueño dio un vuelco definitivo una noche en la que su poderosa y afinada voz fue escuchada entre las mesas por el legendario productor Johnny Pacheco. Impresionado por sus fraseos callejeros y modales sencillos, Pacheco contactó de urgencia al virtuoso músico Willie Colón para asegurarle que había encontrado al cantante perfecto para registrar su primer larga duración de estudio, bautizado significativamente como El Malo. La mítica alianza musical entre Lavoe y Colón enriqueció las estructuras de la salsa neoyorquina, fraguando un periodo de colaboración de siete años continuos donde registraron 10 álbumes fundamentales colmados de crónicas sociales que hablaban con crudeza el lenguaje de las esquinas. Ya en 1975, el sello Fania Records impulsó el lanzamiento de Héctor como solista, cosechando aplausos mundiales con himnos autobiográficos como “El Cantante”, una etapa de gloria que convivió con el dolor personal derivado de las adicciones y las pérdidas familiares hasta su muerte el 29 de junio de 1993, a la corta edad de 46 años.
¿Qué valor histórico y musical representó el sello Fania Records para el auge de la salsa a nivel mundial?
Fania Records, fundada en 1964 en Nueva York por el músico dominicano Johnny Pacheco y el abogado Jerry Masucci, fue la compañía discográfica más trascendental e influyente en la historia de la música latina. El sello fue el gran motor artístico encargado de congregar, producir y exportar los talentos dispersos de las barriadas boricuas y cubanas de la Gran Manzana (como Héctor Lavoe, Willie Colón o Celia Cruz), fusionando los ritmos tradicionales del son, la guaracha y el mambo para consolidar comercialmente el género de la “salsa”. A través de la creación del supergrupo Fania All-Stars, la discográfica internacionalizó el sonido caribeño, llenando estadios en África, Europa y Asia, y transformando una música de nicho de inmigrantes en un fenómeno de exportación global.
Video de “El Cantante”, su tema más conocido y versionado.
(Fuente: Biobío)


