Lanzado originalmente en las ruidosas salas de arcade en 1981, el legendario título marcó el debut de Mario y redefinió las reglas de la industria digital. Creado por un joven e inexperto diseñador que prefirió contar una historia antes que programar naves espaciales, el juego se transformó en un éxito de masas que sigue vivo en la cultura popular.
Un rescate que nació del fracaso
Hay veces en que los planetas se alinean tras un tropiezo gigante, y la historia de cómo nació el gorila más famoso de las pantallas es el mejor ejemplo de aquello. Corría el año 1980 y la compañía japonesa Nintendo estaba al borde del colapso financiero tras intentar conquistar, sin ningún éxito, el competitivo mercado de los salones de juego en Estados Unidos con un título de naves espaciales que nadie quería jugar. Desesperado por salvar los muebles viales y no perder los miles de muebles de arcade que juntaban polvo en las bodegas americanas, el presidente de la firma le encargó a un joven diseñador industrial de apenas 28 años, llamado Shigeru Miyamoto, que creara un juego completamente nuevo para reciclar esas máquinas abandonadas.
Miyamoto, que no tenía la más mínima idea de programación informática pero le sobraba imaginación de la buena, decidió romper con todos los moldes de la época. En lugar de copiar los típicos juegos de disparos espaciales, se inspiró en los cómics de Popeye, en la clásica película de King Kong y en el romance casero para diseñar una trastienda simple pero adictiva: un gorila gigante que se escapa de su dueño —un carpintero un tanto descuidado— y rapta a su hermosa novia, obligando al héroe a subir por peligrosas estructuras de acero esquivando barriles y llamas para salvar a su amada. Así, sin proponérselo de forma seria en un inicio, nació el formato de “plataformas” y se esculpió el primer gran hito de alta fidelidad bailable en los controles de todo el planeta.
Del carpintero al bigotudo mundial
La gracia de Donkey Kong es que nos regaló de un paraguazo a dos de los personajes más incombustibles de la cultura pop mundial. El héroe que saltaba los barriles con overol rojo y gorra no se llamaba Mario de buenas a primeras; en las primeras actas de desarrollo fue bautizado simplemente como Jumpman (el hombre salto), y su profesión original era la de carpintero, debido a que la acción transcurría en una obra en construcción viales. Fue recién cuando las máquinas llegaron a las salas de Nueva York y los ejecutivos locales decidieron ponerle nombres más pegajosos para el público que el personaje fue rebautizado como Mario, rindiendo un simpático y tierno tributo al dueño de las bodegas donde Nintendo guardaba sus terminales.
Las monedas empezaron a llover con tal fuerza en las alcancías de los arcades que el juego triplicó de golpe las expectativas de ganancias, despachando más de 60 mil máquinas en escasos meses y salvando a la corporación de la quiebra definitiva. Con sus ruidosos efectos de sonido analógicos y sus cuatro pantallas con niveles diferentes que desafiaban la gravedad de los píxeles, Donkey Kong demostró al mundo entero que los videojuegos podían albergar carisma, humor y alma vecinal. A más de cuarenta años de su estreno, las familias de los cerros y los melómanos de los controles digitales lo siguen recordando como el gran Big Bang que dio inicio a la era dorada del entretenimiento familiar.
¿Qué valor metodológico aportó Donkey Kong al diseño de niveles en la historia de los videojuegos?
En la ingeniería de software y el diseño de videojuegos, Donkey Kong representó una revolución metodológica absoluta al introducir por primera vez el concepto de “diseño de niveles narrativo y progresivo”. Hasta antes de su lanzamiento en 1981, la gran mayoría de los títulos de arcade operaban bajo una sola pantalla estática que aumentaba su velocidad de forma infinita (como Pac-Man o Space Invaders). Miyamoto implementó una arquitectura digital tridimensional dividida en cuatro escenarios completamente distintos que contaban una historia de inicio, desarrollo y desenlace técnico a medida que el jugador avanzaba, obligando al usuario a memorizar patrones rítmicos de salto y usar escaleras de forma matemática, sentando las bases científicas del género de plataformas actual.
(Fuente: Cnycentra)


