El tema, sigue siendo también la melodía tradicional de los finales de competencia de muchas disciplinas deportivas en el mundo.
Corría el año 1975 cuando Freddie Mercury se sentó al piano con una idea clara en mente: crear una canción capaz de unir a las multitudes. Quería que el público se adueñara del ritmo, que cantara a pleno pulmón y que se meciera en un ambiente de positivismo absoluto. Sin embargo, el destino de este clásico tuvo que esperar; el grupo consideró que la pieza no terminaba de encajar en el álbum A Night at the Opera, por lo que decidieron guardarla bajo llave.
No fue sino hasta dos años después, en 1977, cuando el tema finalmente vio la luz como parte del álbum News of the World, consolidándose rápidamente como una de las obras más célebres de la banda de rock británica y, a la postre, en uno de los himnos más memorables de la historia de la música.
La arquitectura de un clásico masivo
Musicalmente, la canción se esculpió desde el piano de Mercury, complementado de forma precisa por la batería de Roger Taylor y el bajo de John Deacon. Para darle la fuerza que requería, Brian May grabó sutiles capas de guitarra por sobreimpresión que estallaban de manera magistral en un solo final, fusionándose con el último estribillo.
El fenómeno global y el doblete radial
El lanzamiento del sencillo no llegó solo; lo hizo de la mano de otra fiera de los estadios: “We Will Rock You”. Ya fuera como lado B o editado como doble lado A, ambas canciones se volvieron inseparables, al punto de que Queen solía cerrar sus conciertos interpretándolas una detrás de la otra. Las estaciones de radio adoptaron la misma costumbre, programándolas juntas respetando el orden original del álbum.
La respuesta del público entre 1977 y 1978 fue inmediata y arrolladora:
Incluso décadas después, la canción demostró su inmortalidad. En Francia, el sencillo fue relanzado en los años 1992, 1993 y 1998. Durante este último año, impulsado por la efervescencia de la Copa Mundial de Fútbol. El tema, sigue siendo también la melodía tradicional de los finales de competencia de muchas disciplinas deportivas en el mundo.
Un legado que trasciende el tiempo
Lo que nació en la mente de Mercury como un ejercicio de comunión con sus fans terminó por convertirse en el himno universal de las victorias deportivas.
Hoy en día, “We Are the Champions” ha permeado innumerables rincones de la cultura popular y ha sido versionada por una gran cantidad de artistas a lo largo de las décadas. El reconocimiento de la industria también ha sido absoluto: en 2005 fue elegida como la canción favorita en una ambiciosa encuesta mundial, y para 2009 el tema recibió su consagración definitiva al ser incluido en el prestigioso Salón de la Fama de los Grammy. Aquella melodía rechazada en 1975 terminó por conquistar el mundo entero.
(Fuente: Biobío)



