CAMPAÑAS MILLONARIAS PARA TERRITORIOS EMPOBRECIDOS. UN PRIVILEGIO DE POCOS

Opinion 2

Columna de opinión
Por Fernando Fernández, Licenciado en Ciencia Política y conductor del programa radial Té con Dulce

En Varias ocasiones hemos conversado sobre las cifras en desempleo, vivienda social, adultos mayores, infraestructura y conectividad. En donde siempre llegamos a conclusiones similares: “somos un país y una región con altos índices de pobreza multidimensional”.

Como región en casi todos los índices de vulnerabilidad estamos sobre la media nacional. Pero qué realidad más contradictoria cuando vemos las cifras de gastos que poseen e invierten algunos candidatos al senado o a la cámara de diputados en sus campañas políticas.
Quienes llevan muchas campañas en el cuerpo nos dirán que hoy son austeras, pues con la regulación legislativa implementada por el actual gobierno que, limitó los aportes de los candidatos y eliminó el financiamiento de las empresas a campañas políticas ha habido una reducción en los dineros destinados a ese fin.

Ustedes saben que escándalos públicos tuvieron que salir a la luz para que se aprobaran estas nuevas regulaciones. Pero dígame usted: gastar casi $1 millón de dólares en una campaña a senador; o ½ millón de dólares en una campaña a diputado ¿es austeridad?

Podrán ser a través de aportes propios, con o sin créditos, de aportes de personas o sus partidos los que permitan reunir esas enormes cantidades de dinero. Ahora le pregunto a usted ¿podría reunir esos recursos para representarnos en el congreso? ¿Algún lector o auditor de nuestro medio podrían pedir créditos por 50 u 80 millones de pesos para una campaña? Que implican esos créditos, como justifican ese gasto panfletario del costo que sea, aunque si hoy es “moderado” en comparación a años anteriores, como justificamos esa inversión que no deja de ser dinero que se invierte para publicidad desaforada y que inclusive -muchas veces-  llega a ser invasiva.

Es una paradoja de la vida que la mayoría de la población que sufre a diario de las consecuencias del libre mercado-privatización de servicios básicos y especulación sobre suelos y sus recursos, no podamos representarnos en las instancias más importantes del poder político en nuestro país. Hemos avanzado… pero no lo suficiente.

 

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