SEGÚN ESPECIALISTA: JUGAR CON ELEMENTOS DE LA NATURALEZA ES CLAVE PARA EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS

La académica y profesional parvularia, Dra. Sandra Castro, destacó los beneficios de divertirse al aire libre.

Un impulso casi natural de la mayoría de los niños al ver la tierra es querer jugar con ella. Muchas veces los padres reprimen esta conducta, en cambio otros lo permiten. Lo cierto que esta práctica tan común tiene múltiples beneficios en los más pequeños.

La académica de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Católica del Maule, Dra. Sandra Castro, explicó que jugar con elementos de la naturaleza potencia y estimula positivamente a los niños.

“El jugar con los elementos de la naturaleza provoca un gran placer a muy corta edad, la sensación en las manos invita a tocar, apretar, tirar, amontonar, oler. La oportunidad de jugar con y en la naturaleza afianza aprendizajes significativos, experimentar con sensaciones nuevas, favorecer la imaginación, estimula la curiosidad y lleva al niño a sentir asombro por lo que ve, toca, huele o degusta con tantas ganas”, aseguró la docente.

Y es que uno de los juegos más antiguos que ha practicado el ser humano, con o sin instrumentos, es jugar con los elementos de la naturaleza como la tierra, agua, hojas o semillas. La académica al respecto indicó que “para jugar satisfactoriamente no se requiere de un juguete muy elaborado o exclusivo; es suficiente elementos naturales a su disposición, que le permitan manejar a voluntad su composición. Esa simpleza aporta sensaciones, goce y felicidad a los niños(as) de cualquier edad”.

Y agrega que “al ver tierra, por ejemplo, se siente un impulso natural por jugar, dentro del juego se produce una gran libertad, sobre todo de jugar sin preocupaciones de ensuciar la ropa, lo que ofrece mayores garantías de experimentar y gozar. Esta diversión se suma a la actividad saludable, el aire libre permite que los niños disfruten de la brisa, los rayos del sol (protegidos) y de la amplitud; el contacto con la naturaleza invita a imaginar, se estimula la creatividad, ya que no se requiere mucho para solucionar problemas o transformar los diferentes elementos, como el agua, la arena, las piedras; cuyos complementos den ser palos, hojas, ramas, semillas, entre otros, o útiles como tenedores, platos, tacitas, comida de pasto, pétalos, frutas”.

Consejos

La invitación que hace la académica de la Escuela de Educación Parvularia, es que los padres incentiven este tipo de actividades, incluso que participen en los juegos con sus hijos, pero dejándose llevar, no tratando de guiar el juego.

“Cerca de los niños podrá supervisar qué utilizan, no por la limpieza del vestuario, sino por seguridad, cautelar que no se lleven las manos a los ojos más que a la boca”, aconsejó la docente.

Asimismo invitó a los padres a que “incentiven a montar pastelerías y restoranes, a hacer tortas con ramas, flores y tierra, preparaciones de comidas y ensaladas de pastos y postres, las que se pueden revolver con energía y de forma incansable, a preparar limonadas con agua o con algún trozo de hoja o rama; preparaciones únicas e inimaginables. Vivirán episodios y experiencias inolvidables e invaluables con sus hijos. De igual forma en paseos a la playa, campo, parque, aproveche siempre cada oportunidad que la naturaleza brinda, el contacto directo favorece indudablemente la relación y comunión con la naturaleza, logrando así a corto plazo la valoración y respeto por ella”.

 

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